LA LIBERTAD DE SER INDIVIDUOS

Por: Sandra Cárcamo

Vivimos en una sociedad confundida por tanta contaminación de términos y cortinas de humo que impiden ver que muchas ideologías no son más que formas de alejarnos de nuestra libertad e individualidad.
A mis 16 años escuché decir en una clase, a mi profesor de filosofía, que el liberalismo significa en palabras simples “Estado y sociedad al servicio del individuo”. En aquel momento no logré entender la importancia y la correcta conjugación de palabras aplicada al término.

Pero, ¿por qué hablar de individuo se vuelve un eje principal para el liberalismo? Primero hay que definir el concepto. El término se deriva del latín individŭus que hace referencia a lo que no puede ser dividido. Entonces, debemos entender al individuo como un ente independiente que tiene su función elemental dentro de la sociedad.

Los individuos somos diversos y tenemos en nuestras manos el poder de cambiar las cosas. Desde el momento en que concebimos la idea de ser individuo, y solo uno más de la sociedad, nos sentimos diferentes e importantes, porque nos da autonomía y el poder de decisión, lo cual se convierte en una motivación para que queramos hacer las cosas diferentes y queramos superarnos.

Cuando nos venden la idea de sociedad, no individual. Cuando te venden la idea de que el individuo y el estado velan por la sociedad: ¡Te están masificando! Te vuelven alguien que no tiene razón de ser y que debe de adaptarse a lo que la sociedad quiere. Es decir, si ellos son pobres tú no puedes ser más, no puedes ser rico, porque entonces surge algo grave: La envidia y el odio.
Porque las personas que se creen iguales no pueden concebir la idea de alguien sea diferente, porque los hace sentirse inferiores; y eso para alguien que no está acostumbrado a esa diferencia, le parece inaceptable. En cambio alguien que se siente diferente y acepta que todos son diferentes, es menos propenso a sentirse inferior, porque lucha por sentirse superior: Lucha por cada día mejorar su ámbito y anhela la superación.
Pero entonces aquí surge la invitación, la gran invitación ¡A ser diferente!

Una lectura, que por lo general, es asignada en filosofía y que merece ser traída a colación es el “Mito de la Caverna”. En este texto, Platón intenta explicar el mundo de las ideas ejemplificándolo en una historia: Un grupo de hombres habían vivido desde pequeños, encadenados, en una cueva en donde solo tenía vista hacia un pared en la cual se proyectaban, en el día, las imágenes de las sombras del exterior. Un día un hombre de ese grupo sale de la cueva. Al inicio, le cuesta poder ver afuera por la luz, incluso desea volver a la oscuridad pero persevera y se acostumbra a la luz. Al poder observar todas las imágenes que antes veía como sombras, regresa a la cueva a decirle a los demás lo que ha visto. Pero muchos deciden quedarse en su lugar de origen y no salir, llegando a tildarlo de loco.

Pero, ¿por qué traerles a la mente esta historia? Se los explico a continuación. Somos un país que en el último tiempo ha perdido educación y ha regresado mediocridad, de la creíamos haber salido. Es decir somos los hombres dentro de la cueva. Vivimos creyendo mentiras y cortinas de humo: Sombras de la realidad.

Lo grave de la historia, aplicada al contexto actual, son tres cosas:

La primera es que a diferencia de la historia El Salvador es un país libre y fácilmente se puede salir de esa cueva. El problema es no que las personas no quieren. Escogen ver las mismas sombras que ver imágenes reales, porque se rehúsan a  pasar por el daño temporal de los ojos. Prefieren la idea de verse iguales que salir, porque muy probablemente dentro de la misma cueva hallan quienes les ofrezcan la idea de igualdad: “Aqui adentro todos nos vemos iguales de oscuros, nadie es mejor que nadie”. En palabras simples: Tienen miedo a marcar la diferencia.

Segundo, ¿quiénes son los que están dentro de esa cueva? Por un lado, están los que saben que el mundo de afuera es diferentes y no quieren: Ni salir, ni que los demás salgan. Entonces, se empeñan en convencer a los de su alrededor quedarse adentro, asegurándoles todo tipo de beneficios si permanecen ahí. Velan porque tengan lo estrictamente necesario, para evitar que quieran o piensen en salir. No solo  inducen miedo sino que garantizan igualdad.
Por otro lado, están los que no tienen ni la menor sospecha de qué hay afuera porque la sociedad subsidiada en la que viven se ajusta a sus necesidades básicas e igualitarias. No pretenden hacer mayor cosa que sentarse delante de esa pared a recibir la comida. El problema de este grupo de personas es el conformismo, les parece más simple eso que salir y tener un daño temporal en los ojos.

Y tercero se empecinan en ser los de la cueva. Actualmente existen muchos que ya salieron de la cueva y regresan a la oscuridad por los demás. Les hablan de la magnífica idea de estar afuera y ser “tanques de pensamiento”: De ser diferentes, de conocer y cambiar realidades. Pero nuevamente se niegan a dañarnos temporalmente los ojos. Es más, hay algunos tan acostumbrados que intentan que el de que llega a convencerlos de salir se quede adentro.

Entonces, ¿cuál es la reflexión?
Hay personas tan familiarizadas a no aprovechar la libertad que se vuelve más fácil y sencillo depender de otros y conformarse con eso. No quieren un daño temporal de los ojos para descubrir las verdaderas cosas, donde están las imágenes de la verdad: La realidad y la oportunidad de que las sombras, que ven los de la caverna, dejen de existir para que se decidan por salir.

La clave en la libertad es percibirse a sí mismo como diferentes y amar esa diversidad. Cuando entendemos que somos diferentes procuramos ser mejores, eso nos lleva a realización de proyectos propios que benefician a muchos. No es lo mismo que trabaja r por un par de zapatos que es diferente al del otro, que es de mi color favorito, mi talla exacta y con rasgos que me identifican; a trabajar por zapatos que los demás tienen y que probablemente no me queden exactos.  

Por eso la mejor forma de que una sociedad progrese es: En el momento en que sus individuos comprenden que ellos son los responsables de los cambios, y se convierten en los protagonistas e impulsores de iniciativas. Cuando estos protagonistas explotan su creatividad e inteligencia para alcanzar sueños. Solo así una sociedad progresa.

Ser diferentes, ver las cosas diferentes, no es retroceder a una población. Al contrario la engrandece, fomenta la ejecución de ideas. Ser diferente es una oferta y demanda. Porque cuando hay recursos limitados pero necesidades ilimitadas, los que solventan esas necesidades son los diferentes: Las mentes frescas, con ideas nuevas.

Quienes son capaces de renunciar a la libertad esencial a cambio de una pequeña seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad (Benjamin Franklin).

No es digno de libertad quien está en esa cueva y no se esfuerza por salir de ella. Somos merecedores de ella, los que decidimos a pesar del daño de los ojos: perseverar, vivir y cambiar la realidad.

Ser libres es tener la responsabilidad de nuestras acciones. sobre todo cuando cuando optamos por vernos, a nosotros mismos, como individuos.

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Un comentario en “LA LIBERTAD DE SER INDIVIDUOS

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